Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 2: De mal en peor
- PERRA MALDITA – gritó Santiago golpeando fuertemente el volante de su auto.
Odiaba ser cuestionado y esa idiota se atrevió a decirle mentiroso en su cara.
OBVIAMENTE QUE LA USÓ COMO ESCUDO HUMANO.
Es decir, era su novia… por lo tanto era de su propiedad y podía usarla como deseaba, para eso sirve una mujer como ella.
- Tch… Carolina, bruja… ¿Quién crees que eres? Es un honor que yo te haya pedido ser novios y ahora me cuestionas todo… ¡AH! – sus quejas nuevamente fueron acompañados por golpes al volante y al claxon.
Ante las preguntas de Carolina estuvo a punto de perder la compostura y gritarle porque odiaba esa mirada arrogante y desafiante que tenía en esos momentos… se supone es una idiota enamorada y debe aceptar todas sus palabras como ley, pero parece que ese accidente le reseteo el cerebro.
¿En qué momento se le estaba saliendo de control su peón?
- No… ah… calma Santiago, estás tan cerca del puesto del CEO y heredar el gran Grupo Roux y convertirte en el líder del gran gigante de la cosmética internacional… así que no puedes arruinarlo.
Busco hacer unos ejercicios de respiración para tratar de calmarse y pensar cómo recuperar el afecto de Carolina, porque aú0n la necesita… pero ese momento de paz se interrumpió porque su teléfono comenzó a sonar.
- ¿Qué pasa? – dijo contestando de mala gana sin ver quien le llamaba.
- Buaaa… mi amor ¿Por qué me hablas así? – se escuchó una voz afligida al otro lado de la línea.
- Ah… perdón mi amor – se disculpó al reconocer la voz - es que… ash… esta idiota de Carolina me saca de quicio.
- ¿Fuiste a verla?
- Tengo que venir.
- Pero… pero… - se escuchó como su voz se cortaba por las lágrimas – me prometiste que ya no la volverías a ver… snif…
- Victoria no empieces, sabes que la necesito porque con su talento he conseguido asegurar grandes contratos que han hecho que mi padre confié en mi nuevamente.
- Eso lo sé, pero…
- Además, recuerda que ella me protegió con su cuerpo, por lo que debo venir a ver a mi salvador.
- Entiendo… entonces… am… ¿estás con ella ahora?
- Acabo de salir de su habitación.
- ¿Quieres venir a mi casa? – preguntó empleando un tono coqueto en su voz – acabo de regresar de compras y compre una nueva lencería de color negro que sé que te gustara.
- Llego en 5 – declaró terminando la llamada – por ahora dejaré que se calme e igual buscare comprarle algo para contentarla, ya que aún te necesito – murmuró para sí antes de salir del hospital sin mirar atrás.
Por su parte Carolina tenía la mirada perdida mientras derramaba lágrimas silenciosas.
- Esto…
- Lo lamento mucho, pero por culpa de uno de los tubos que se incrustaron en su cuerpo dañaron su órgano reproductor dejándola estéril.
- Que… no… esto…
- Lo sé, esta noticia no es algo agradable pero…
- Y… ¿y no hay una forma? ¿Una operación?
- Me temo que no – indicó sonando resignado.
- Doctor esto no puede ser… yo… yo si deseo ser madre, esto no… no puede estar pasando esto – dijo con la voz entrecortada por culpa del dolor, a la vez que estiraba sus manos para sujetar las manos del médico.
- Perdón señorita, igual voy a anexar esto a su expediente para que la aseguradora de ese sujeto lo tenga presente a la hora de sacar el monto total de la compensación.
- Ja… ¿Cómo si el dinero pudiera borrar este dolor?
- Perdón – indicó el doctor haciendo una mueca mientras se daba la vuelta para salir de la habitación.
- Doctor… - habló Carolina haciendo que él detuviera sus pasos justo bajo el marco de la puerta - ¿En serio no existe una esperanza?
- Podría buscar ayuda en el extranjero, pero yo no tengo esos contactos ni deseo darle una falsa esperanza, porque pese a todo el dolor de los tratamientos tal vez no obtenga el resultado deseado.
- Gracias – dijo ella sonriendo con amargura.
Al menos el doctor era sincero y eso… eso era algo que agradeció en silencio, pero aun así.
- Estéril… - repitió con amargura colocando sus manos sobre su vientre.
“¿Ni eso se me permite soñar?” – pensó con amargura al recordar alguno de los tantos mensajes que Victoria le había mandado deseándole lo peor.
Ciertamente no era el fin del mundo, desde el punto lógico, porque existe la posibilidad de adoptar… pero ella deseaba sentir todas las etapas incluyendo el embarazo y el crecimiento del bebe desde su interior.
Pero ahora…
Ni novio, ni bebe.
“Creo que ahora yo soy la patética” – pensó buscando abrazarse a sí misma.
Con cuidado tomó su teléfono y empezó a teclear un número que sabía de memoria, pero no estaba guardado en sus contactos.
Cuando estaba por apretar el botón para realizar la llamada, solo dejó escapar un suspiro y borró los números.
- No… aun no, sé qué puedo salir adelante sin pedir ayuda – declaró apretando los puños.
Ya por la tarde llegaron sus amigos a visitarla.
- ¡Caro! – gritó animada una joven pelirroja.
- Loca no grites, esto es un hospital – se quejó un rubio haciendo una mueca.
- Ups… es que llevaba desaparecida y me emocione al ver que nos contestó, pero me asuste en que me dijo que estaba en el hospital – comentó haciendo un puchero.
- Lo sé, por eso estamos aquí – comentó el rubio acercándose a la cama - ¿Cómo estás?
- Más o menos… - dijo ella sonriendo con amargura.
- Tu cara está muy pálida… ¿Tan mal te fue?
- Es obvio que está mal porque está en este lugar… buaaa amiga te ves muy desnutrida ¿desde hace cuánto que no comes algo decente? – lo interrumpió la pelirroja – por suerte, soy una mujer precavida – declaró sacando de su bolso una caja de chocolates rellenos – tengo tus favoritos de Kahlúa, tequila y los clásicos rellenos de cerezas y menta – comentó mientras sacaba las cajas.
- Boba espera, Carolina no puede tomar alcohol – dijo el rubio frunciendo el ceño.
- Ah cierto, estas tomando medicinas… perdón, me emocione.
- La intención es lo que cuenta, gracias – comentó ella tomando la caja de chocolates rellenos de menta, para sacar uno y comérselo mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.
Eso asustó a sus amigos, quienes dejaron de discutir.
- Caro ¿Qué tienes? – preguntó angustiada la pelirroja.
- Si fue ese idiota de Santiago ahora mismo voy y le rompo la cara – declaró el rubio alzando su puño de forma amenazante.
- No es eso…
- ¿Entonces? – preguntó la pelirroja abrazándola.
- Es que…
- ¿Tienes una herida permanente? – cuestionó el rubio haciendo una mueca.
Al ver que ella movía su cabeza de forma afirmativa y rompía en llanto, ellos se quedaron callados mientras una mueca se dibujaba en sus rostros.
- Am… Ánimo amiga, no creo que sea incurable, ya vez que la medicina y la tecnología cada día evolucionan, así que... – empezó a decir el rubio tratando de animarla.
- No se puede…
- Yo creo que… - quiso decir la pelirroja.
- UN METAL ROMPIÓ MI ÚTERO, QUEDE ESTERIL – gritó mientras abrazaba con fuerza a su amiga.
- ¡QUE! – se escuchó un grito detrás de la puerta.
La puerta se abrió de golpe revelando a Santiago, acompañado de una pareja de adultos mayores.
- ¿Qué dijiste? – preguntó tratando de corroborar lo que escucho.
- Que quede estéril por protegerte.







