Capítulo 4: Fiesta con giro inesperado

Capítulo 4: Fiesta con giro inesperado

Después de eso Santiago no regresó al hospital, pero bueno… ya se lo esperaba.

Tras una semana más, recibió el alta y Rita fue a buscarla para ayudarla a regresar a casa.

Carolina estaba agradecida con su amiga por haber cuidado su casa esos días y ayudarle con la renta.

Por un momento pensó que se quedaría en la calle, pero por suerte el día que despertó les pidió ayuda a sus amigos.

Rita corrió a ver al dueño para explicarle la situación, mientras que Jorge fue al banco para sacar el dinero para pagar la renta junto con la penalización correspondiente.

Por suerte, el dueño fue considerado y entendió las circunstancias, por lo que no les cobró el cargo de la penalización.

- Y llegamos a casa – declaró Rita abriendo la puerta.

- Gracias.

- De nada amiga, ahora debes recordar seguir todas las indicaciones médicas al pie de la letra para que te recuperes pronto – comentó la pelirroja pasando a la cocina para sacar un poco de jugo – por cierto, con el dinero que sobró te compramos algo de comer para que no llegarás con la nevera vacía.

- Muchas gracias.

- Bueno al menos por hoy descansa y no pienses en el trabajo.

Carolina le agradeció a su amiga por esa ayuda y cuando se quedó sola, buscó recostarse en su cama y cerrar los ojos.

En eso comenzó a derramar algunas lágrimas silenciosas porque se sentía frustrada, adolorida, traicionada, una basura… simplemente se sentía una perdedora.

- Tranquila Carolina, podrás salir de esto… ya viste que no puedes confiar en las palabras de un hombre – dijo con amargura – de nada sirvió todo mi esfuerzo, porque ese idiota busca darle los frutos de mi trabajo a alguien más.

“Creo que es hora de cambiar de trabajo, porque no deseo seguir ayudando a ese idiota… prefiero que todo se pudra, al menos así ya no le vera la cara de tonto a su padre” – pensó haciendo una mueca.

Tal vez el plan de usar a Santiago es tentador, pero moralmente ya no quería tener nada que ver con un traidor como él.

Aunque estaba intrigada… ya que hasta los abuelos de él sabían sobre sus trucos sucios que ha hecho, lo que significa que les lo permiten… pero ¿Por qué le ayudan al nieto a engañar a su propio hijo?

Eso era extraño.

Pero bueno… Cada familia es imperfecta y tiene sus propios problemas, por lo que es mejor no involucrarse en ese asunto.

Por ahora se dedicó a cuidarse, siguiendo la orden de reposo por una semana más.

Y como era lógico, en todo ese tiempo su supuesto prometido no le llamó.

El último día de la semana de reposo, decidió salir a beber… o bueno a beber coca cola porque ella no podía ingerir alcohol, pero acompaño a Rita y otras amigas a un centro nocturno para divertirse, porque son jóvenes y se lo merecen.

- Dios, ya lo necesitaba – declaró una mujer tras terminar su sexta botella de cerveza.

- Lo sé, la vida de Godínez es horrible – comentó otra.

- Caro no te cortes, bebe – indicó una de ella pasándole una lata de cerveza.

- Ya tengo aquí mi droga cola – bromeó mostrando la lata de refresco haciendo reír a sus amigas.

- Ándale, vamos…

- Un traguito.

- Si, entra en ambiente.

-  Vamos, hoy no te pusimos como nuestro conductor designado.

- Puedo pagar una ronda – dijo ella al ver la emoción de sus amigas - pero no puedo beber porque recién estoy curándome de un accidente.

- Cierto amiga, perdón… hip… lo olvide – se disculpó Rita, aunque ya se notaba muy ebria.

- Descuida, el alcohol es buen amigo para borrar la memoria.

Ante eso las amigas buscaron cambiar de tema para seguir quejándose de sus jefes explotadores y las horas extras mal pagadas con pizzas.

Al final de la velada, todas las amigas de ella estaban muy ebrias.

- Ah… por suerte es viernes – comentó Carolina recolectando los celulares de cada una para abrir la app de transporte para pedirles un taxi a cada una.

Con cuidado llevó a todas a la entrada y las fue subiendo una a una en sus autos.

- Descansa Rita, me mandas un mensaje cuando llegues a casa.

- Hm… tú igual descansa – se despidió la pelirroja despidiéndose de su amiga.

- Bueno ahora me toca a mí – indicó sacando su móvil, pero de un momento a otro alguien la abrazó por la espalda inmovilizándola de forma momentánea.

Carolina se asustó, pensando que era un ladrón o algo peor, pero tras pasar unos segundos sin movimientos se sintió confundida.

Pero salió de su estado de confusión al sentir un cálido aliento rozar su cuello.

Giró la cabeza, lista para confrontar a esa persona cara a cara, descubriendo que era un hombre en estado de ebriedad.

Al analizarlo con detenimiento vio que era un hombre maduro y por el traje a medida que usaba, era alguien con dinero.

“Parece que con o sin dinero a veces uno ahoga sus penas en alcohol” – pensó al notar que ese señor estaba solo.

- Ah… dios… a ver, te ayudaré, pero mantén las manos quietas o te pateo.

Con cuidado tanteo el cuerpo de ese hombre para sacar su teléfono.

- Guapo sonríe – dijo ella reflejando el rostro de ese hombre para desbloquear la pantalla – bueno a ver que tienes – habló buscando en las aplicaciones y tras unos segundos la encontró – okey, ahora…

- Hotel Wang – susurró el hombre apretando un poco su agarre.

- Okey, te mandaré al hotel.

Tras pedir el teléfono dejó escapar un suspiro y busco liberarse de su agarre, pero ese sujeto tenía mucha fuerza.

- Oye suéltame, ya está por llegar tu taxi.

Al llegar busco meterlo en el auto.

- Oye guapa, no seas cruel y acompaña a tu novio – dijo el taxista al ver que ella no se subió.

- Eh… no espere, yo no…

- Mi amor… no me dejes – se quejó el borracho sujetándola del brazo izquierdo.

- Espera, yo no…

Al ver la mala cara del taxista ella solo dejó escapar un suspiro y subió, por suerte ese hotel estaba cerca de su edificio de departamentos, así que este viaje lo tomaría como un aventón.

Cuando llegaron al hotel, Carolina le ayudó a llegar a su habitación y hasta lo dejó en la cama.

- Bueno agradece que estaba libre, ahora nos vemos guapo – indicó empleando tono burlón mientras se giraba para salir de la recámara o ese era el plan.

Ya que de un momento a otro fue jalada y acabó acostada en la cama con ese sujeto encima de ella.

- Estás abusando.

- Pero creo que esto es algo que deseas – comentó sonriendo de lado.

Carolina se asustó, porque eso significaba que ese sujeto fingió estar ebrio.

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