Capítulo 34.
El pitido de la máquina destroza los oídos de Amelia que se encuentra hecha un manojo de nervios ante la discusión que tuvo con la madre de Bastián hace ya día y medio, en este momento se percata de que no conoce ni un ápice de su persona y teme – luego de los hechos – que esa mujer cuente con la razón de que su cultura es prioritaria y ella quede a la deriva porque ya no puede esconderlo más.
— Estoy enamorada de ti Bastián Christopoulos y no me importa que tu madre sea una perra hiriente de