Siete horas más tarde, Brendan abrió los ojos, sobresaltado por la voz de su hermana. ¿Qué diablos le sucedía que no lo dejaba dormir tranquilo?
—Brendan, ¡maldita sea, despierta! —exclamó Nessa, tomándolo por los hombros y zarandeándolo como si fuera una hoja de papel.
—¡Hey! Calma, ¿qué te sucede? —preguntó, zafándose de su agarre y sentándose en la cama mientras intentaba enfocarla con la mirada.
—Están todos abajo y ya no sé cómo explicarles que no estés presente.
—¿De qué hablas?
—La