Denise se llevó el índice a los labios y se mordió la uña con impaciencia. Realmente no sabía qué demonios hacer. Tenía que buscar una manera de estar seguros de que lo que hablaran quedaría entre ellos y no se filtraría, bajo ningún concepto a quien estaba detrás de la desaparición de su hija.
—Tienes gasolina —repuso Denise, frunciendo el ceño y mirando el marcador que indicaba que estaba completamente lleno.
—¿Qué quieres hacer? —preguntó Adam, alzando las cejas.
—Vamos a nuestra cabaña —res