Sabía que había cometido una estupidez del tamaño de un estadio de futbol, pero no había sido capaz de evitarlo. Eso era lo que tenía que aprender a controlar. No podía permitir que sus sentimientos continuaran afectándolo al punto de llevarlo a beber hasta prácticamente no mantenerse en pie, porque la conciencia no la había perdido, por el contrario, era más consciente que nunca de lo que sucedía a su alrededor, pero, sobre todo, en su interior. Y aquello era lo que más lo aterraba. Había bebi