Brendan se paseaba de un lado a otro de la habitación, bajo la atenta mirada de su padre. Estaba cansado, agotado, los dedos y las manos completamente agarrotados de tanto teclear en busca de información. Sin embargo, no había logrado dar con nada que les permitiera saber en qué punto estaban, quién estaba detrás de todo y, sobre todo, dónde diablos podía estar Amelia.
—No puede ser. Es imposible que no haya ni el más mínimo registro en la red. Tiene que haber una manera de dar con Amelia —dijo