66. LOS MIEDOS
Lucrecia se quedó mirándola fijo y le señaló a dos monjas que vestían igual que lo hacía Sofía para el trabajo.
—De acuerdo —aceptó al ver como la miraba. — Al regreso sacaré toda la ropa de las bolsas y veré que puedo usar.
—Hazlo, deja de sentirte inferior—insistió la anciana. — Comienza por la ropa, a nosotras nos empodera vestirnos bien. Viste para ti Sofía, ponte ropa bonita y mírate en el espejo, eres hermosa, créetelo hija.
—Gracias, eso es porque usted me ve con los ojos de una madre