316. CONTINUACIÓN
César, luchando contra las carcajadas que amenazaban con escapar, seguía a su mejor amigo de un lado al otro como un fiel soldado siguiendo a su líder, aunque esta vez era más para asegurarse de que no se desmayara que para recibir órdenes.
—Recuerda, Fenicio, tú me enseñaste que en la guerra y en el amor hay que esperar lo inesperado —bromeó César, intentando aligerar la situación.
Fenicio lanzó una mirada que pretendía ser severa, pero que se desvaneció en una expresión de preocupación pat