El sonido del agua golpeando el suelo de mármol de la ducha era lo único que llenaba el silencio gélido del cuarto de baño. Lucas King estaba apoyado contra los azulejos, con la frente pegada a la pared fría y los ojos cerrados con fuerza. El agua caía sobre su espalda a una temperatura casi glacial, diseñada para entumecer los sentidos y apagar el incendio que Ava Miller había provocado en sus venas, pero no estaba funcionando.
Nada funcionaba.
Cada vez que cerraba los ojos, sentía de nuevo el