El coche de Lucas se detuvo con un chirrido frente a la entrada lateral de la mansión, la que llevaba directamente a sus aposentos privados. No quería pasar por el salón principal; no quería que Richard viera a Ava en ese estado, ni que Beatriz disfrutara de su aparente victoria. El silencio de la noche solo era roto por la respiración pesada de Ava, que seguía medio adormecida contra el cristal.
Lucas bajó del coche, rodeó el vehículo y volvió a cargarla. Ella pesaba poco, pero su presencia ll