El sol de la mañana se filtraba por las pesadas cortinas de la habitación de Lucas, hiriendo los ojos de Ava con una claridad implacable. Se despertó con la sensación de que mil agujas le atravesaban las sienes. El sabor amargo del tequila seguía presente en el fondo de su garganta, pero lo que realmente la hizo reaccionar fue el tacto de las sábanas de seda negra. No era su cama. No era su habitación.
Se incorporó bruscamente, soltando un gemido cuando el dolor de cabeza la golpeó de nuevo. Mi