Lucas dejó a Amado en la mansión bajo la vigilancia estricta de una de las criadas de confianza, ignorando las preguntas histéricas de Beatriz y las miradas inquisidoras de Richard. No tenía tiempo para explicaciones. El vacío que sentía en el pecho solo se llenaba con una obsesión: encontrar a la chica de cabello de fuego que había dejado su mundo en cenizas.
Condujo durante una hora por las zonas más vibrantes y descuidadas de la ciudad, lejos de los clubes exclusivos de la élite. Su instinto