La Mansión Miller había pasado de ser una fortaleza de cristal a un mausoleo de nervios. El silencio en el comedor no era de paz, sino de puro pánico contenido. Richard caminaba de un lado a otro en la sala, con el rostro congestionado y los ojos fijos en la entrada de los jardines. Beatriz, por primera vez, parecía haber perdido el control de su narrativa, retorciendo un pañuelo de seda entre sus dedos.
—¿Cómo que no está en su habitación? —rugió Richard hacia la jefa de seguridad—. ¡Tienen cá