Chris estaba apoyado con una elegancia perezosa en el marco de madera, con los brazos cruzados sobre el pecho y una sonrisa letal, cargada de una oscura diversión, grabada en los labios.
Sus ojos grises, fijos en un atónito y pálido Mike, prometían consecuencias nefastas para cualquiera que se atreviera a interponerse en su camino.
Su sola presencia parecía absorber la poca luz de la habitación de hospital, llenando el espacio con un aura de peligro absoluto.
Leila resistió con todas sus fuer