—Tiene exactamente la misma edad que Irene, mi hija —dijo finalmente Mike, cerrando la carpeta con un golpe seco.
Leila soltó un largo suspiro de alivio que intentó camuflar como un bostezo de cansancio, llevando una mano temblorosa a sus labios.
El peligro inmediato de que él siguiera escarbando en el historial de Emily había pasado, pero la rabia latente regresó a su sistema con la fuerza de una marea hirviente.
Le crispaba los nervios ver la soltura con la que él mencionaba a su nueva y pe