POV TERESA
El pitido sordo y mecánico que anunciaba el fin de la llamada rebotó en las paredes de mi sala de estar.
Me quedé congelada en medio de la alfombra con el brazo aún alzado y la pantalla del teléfono brillando con crueldad contra mi rostro.
«Me ha colgado».
Una oleada de calor me subió por el cuello, tiñendo mis mejillas de un rojo encendido que nada tenía que ver con el rubor y sí con la humillación más pura.
La furia me atenazó la garganta. La última frase de Mike seguía flotando