El beso hizo que el corazón de Leila fuera a toda velocidad, golpeando contra sus costillas con una fuerza casi violenta.
A esa milimétrica distancia, con la respiración entrecortada de ambos mezclándose en el aire, Leila pudo ver por primera vez las diminutas y fascinantes manchas de color ámbar en los ojos de Chris, esparcidas por todo su iris gris como estrellas atrapadas en una tormenta nocturna.
Fue un descubrimiento íntimo, un destello de vulnerabilidad en medio de tanta oscuridad.
Sint