El espacio dentro del auto parecía haberse encogido drásticamente, atrapándolos en una burbuja de calor sofocante.
Leila sentía que estaba a punto de darle un infarto con tantas emociones encontradas en tan poco tiempo.
Su vida se había convertido en una montaña rusa desquiciada desde que cruzó las puertas de la prisión, pero los últimos minutos dentro de ese vehículo, bajo la mirada gris y depredadora de Chris, estaban llevando su resistencia al límite absoluto.
El pulso le retumbaba en los