Las calles del centro de la ciudad se extendían ante ellos como cintas de asfalto negro y reluciente, salpicadas por el reflejo parpadeante de los neones comerciales y los semáforos que cambiaban con una cadencia perezosa.
El zumbido constante de los neumáticos contra el pavimento era el único sonido que llenaba el espacio dentro del coche.
Después del torbellino de sensualidad, de la crudeza de las manos de Chris recorriendo su piel y del posterior y respetuoso regreso a la normalidad, el am