El espacio confinado del auto se convirtió en el epicentro de un terremoto silencioso en cuanto Chris la acomodó sobre su regazo.
No hubo preámbulos, no hubo espacio para las dudas.
Chris la besó de nuevo, pero esta vez lo hizo de una forma tan profunda, exigente y devastadora que barrió con el último vestigio de aire que quedaba en los pulmones de Leila.
Ya no era una simple provocación para demostrarle quién tenía el control.
Era un reclamo absoluto, un pacto sellado en la penumbra.
No ha