(POV de Chris)
El eco del portazo que dio Leila al bajar del coche siguió resonando mucho después de que su figura desapareciera detrás de la puerta de su edificio.
Me quedé estático, con el motor ronroneando en ralentí y las manos firmes sobre el volante, observando fijamente la fachada oscura del bloque de departamentos.
Esperé un par de minutos, con los ojos fijos en las ventanas del tercer piso, hasta que vi encenderse la luz de su cocina.
Solo entonces, cuando me aseguré de que la Tigre