(POV de Leila)
La alarma del teléfono celular rompió el silencio de la habitación con un zumbido estridente que me obligó a abrir los ojos de golpe.
Me quedé estática en la cama, con la mirada fija en las grietas del techo de mi pequeño departamento, escuchando el pulso acelerado repicar en mis sábanas.
La luz pálida del amanecer comenzaba a filtrarse por las rendijas de la persiana, pintando líneas delgadas de oro sobre el suelo de madera.
Me pasé una mano por el rostro, apartando los mecho