Justo como Chris le había prometido por teléfono, Derek llegó en breve a la panadería conduciendo un automóvil que Leila jamás le había visto utilizar.
Chris no estaba dentro. Él ya se lo había dicho pero Leila guardaba la esperanza de que decidiera ir en último momento.
Era un vehículo discreto, sin ningún distintivo que pudiera llamar la atención.
Sin perder un solo segundo, Leila subió al asiento del copiloto con el corazón latiéndole en la garganta, sintiendo cómo el miedo a ser intercept