Kassio contempló la imponente fachada de la casa frente a él durante un breve instante antes de dirigirse a la entrada principal. Una mujer vestida con un uniforme impecable le abrió la puerta en cuanto tocó el timbre, con una rapidez que sugería que ya estaba aguardando al otro lado, lista para recibirlo, y lo guio hasta la sala.
Aunque había llegado con algunos minutos de antelación Nastia ya estaba allí junto a otras dos personas.
—Buenas noches —saludó.
—Hijo —su madrastra se levantó—. Ju