Media hora después llegamos a la clínica, las manos me tiemblan. Noel se da cuenta y sostiene una de ella en sus manos.
—Anda, Sahi. No tengas miedo, todo estará bien. Ellos nunca quisieron herirte, solamente querían protegerte.
—Viéndome la cara. Hasta tú lo sabías— me queje.
—Soy el mejor amigo de aquel imbécil, y tienes muchos a su lado, pero nada más confía en mí.
Asiento porque tiene razón, Santiago está lleno de amigos, pero con pocos se abre. Como lo hace con él.
—Sabes, algo duele a