¿Por qué eres tan difícil, Sahily?
Nunca pensé que tendría el valor de volver a tocarla de esa manera. Me puso duro, tanto así, que ni la jodida paja que di me alivió. Llamé a Zacarías, para salir un rato.
Estoy llegando a recogerlo, está sentado en una de las calzadas de su casa. Al verme se pone de pie, poniendo sus manos en su cintura y moviendo sus caderas como una tía.
—Hola, nene... Lista para darte un buen oral — bufoneó, apoyado en la ventanilla de coche y rompe a reír—, cabrón, con esa