—¿Por qué haces esto? Después me humillarás y harás como si nada paso Santiago — sollozo mirando sus ojos.
—Perdona pequeña, eso no pasará más. Si tú prometes alejarte de aquel, imbécil —deja un beso en la punta de mi nariz y su mano se cuela bajo mi sudadera, sus dedos acarician mi piel llegando a uno de mis pechos y toma entre sus dedos suavemente mi pezón.
Padre..., me hace cruzas mis tobillos.
Es una trampa Sahi, aléjalo, ten dignidad. Te llamo facilona. No lo dejes.
Me animo, mentalmente