El cuerpo de Ashary terminó acostado sin fuerzas, temblando como una hoja, como si hubiera miles de descargas eléctricas azotando sus nervios, las lágrimas manchando sus mejillas, sus labios hinchados por morderlos. Era por mucho, una imagen hermosa para el alfa que se incorporó lamiendo los restos del rico néctar que acababa de tragar.
Con razón los alfas amaban tanto tener sexo con sus omegas y lamerlos de pies a cabeza. Cada parte de ellos sabía deliciosa, incluso sus fluidos. Llevó al mano