Lyon estaba deleitado no, lo que seguía.
La imagen que se desarrollaba justo entre sus muslos era mucho más erótica de lo que se habría podido imaginar. El esbelto cuerpo del gran duque Davreles, arrodillado entre sus piernas, con la túnica apenas cubriendo algo de su cuerpo, sus hombros sonrojados por el vapor, con una mano sobre su muslo, mientras la otra envolvía su miembro sin apenas poderla cerrar del todo.
La pequeña pero caliente boca cerca de su glande, donde la lengua lamía la punta, p