Lyon caminó hasta la cocina desde donde podía escuchar los sonidos de las empleadas preparando lo que sería el desayuno. En un castillo nunca había descanso en ningún momento. Las tres mujeres, dos betas y una omega, que estaban en su interior, al verlo entrar se sobresaltaron, haciendo una reverencia.
Nunca se imaginarían que el príncipe se le aparecería allí a mitad de la noche.
-buenas noches, su alteza- la mayor de las tres lo saludó- ¿Qué desea?
Lyon miró de un lado a otro, con la cabeza