En medio de su marea de pensamientos y análisis sentimental, Lyon agarró una de las manos del conde y la separó con cuidado de su brazo.
-Milan, la verdad es que no puedo acompañarte ahora. Yo no vine solo y tengo a alguien a quien cuidar. Lo siento, pero no puedo- puso un límite, algo que no se hubiera imaginado en el pasado que estaría haciendo ahora. Pero él ya no era un alfa soltero que podía simplemente dejar a su omega de lado y atender a otro… y no cualquiera. Un omega con el que había e