El fin de semana llegó con rapidez, y una vez más, Enzo y Amatista se dirigieron a la mansión del campo para continuar con las prácticas de manejo.
Amatista estaba decidida.
Si había fallado dos veces, esta vez no cometería errores.
—Nada de distracciones hoy, amor. —Dijo con firmeza, subiendo al auto y ajustándose el cinturón.
Enzo sonrió con diversión, recostándose en el asiento del copiloto.
—¿Estás insinuando que yo te distraigo?
Amatista giró los ojos, aunque una sonrisa se dibujó en sus l