ISABELLA
—Nunca he sido muy elocuente para estas cosas —dijo mi madre con una leve sonrisa que parecía correcta, ensayada—. Solo quiero desearles un matrimonio feliz… que sean muy felices.
Hubo un murmullo suave, casi automático, y todos levantamos nuestras copas.
Pero yo no pude evitar mirarla. Algo no encajaba.
No era lo que decía, eran sus ojos. La forma en que evitaban quedarse demasiado tiempo en un solo punto, la tensión mínima en su mandíbula, esa sensación de que estaba diciendo algo qu