ISABELLA
No sabía qué me molestaba más: que hubiera aparecido justo en ese momento, como si supiera exactamente dónde encontrarme, o que hubiera pagado todo sin pestañear, como si para él aquella cantidad absurda de dinero fuera apenas una propina.
Aquella mañana al despertar a su lado en el hotel, despues de responder la llamada de su amigo y entender que el sexo habia sido un castigo en un jueguito enfermizo entre dos idiotas, mi único consuelo había sido la certeza de que nunca lo volvería a