DAMIAN
Cerré los ojos con fuerza, tratando de quitarme la imagen de Sarah de la cabeza.
Vamos, Damián, concéntrate en Isabella, me dije en cuanto las puertas metálicas se abrieron. La recepcionista me recibió con una sonrisa amplia.
—La señorita Montenegro se ha sentido mal después de su última reunión y fue a su departamento a descansar un poco —me dijo cuando le pregunté por Isabella—, pero volverá pronto —agregó—. ¿Desea esperarla?
Negué apenas con la cabeza. Supuse que la última reunión de