LA CULPA TIENE MI NOMBRE

ISABELLA

Seguía sintiendo el dolor de la cirugía en el costado, pero era un dolor lejano comparado con la incertidumbre que tenía encima. Damián estaba vivo. El trasplante había funcionado. Sin embargo, seguía en coma y nadie podía decirme cuándo despertaría.

Lo único que quería era verlo y que abriera los ojos.

Sarah avanzó lentamente. Algo en su expresión me hizo sentir incómoda. No parecía satisfecha ni arrogante como siempre, ahora parecía cansada.

—Sabes que Damián regresó para buscar
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