ISABELLA
—Lo siento mucho, señora Villalobos...
El corazón se me detuvo.
Durante unos segundos fui incapaz de escuchar nada más. La expresión del médico era demasiado seria. Había visto esa expresión antes. La había visto el día que me dijeron que ya no había latidos. La había visto en los ojos de las enfermeras que evitaban mirarme directamente. La había visto en el rostro de las personas que no sabían cómo acercarse a una mujer que acababa de perder a su hijo.
Por eso lo primero que pensé