Tardé varios segundos en comprender que seguía viva.
El sonido del metal retorcido continuaba dentro de mi cabeza como si el accidente no hubiera terminado, como si el mundo siguiera doblándose alrededor de mí, como si aquella curva oscura todavía estuviera devorándonos a los dos. Sentía sangre en la boca, una presión insoportable en el pecho y un ardor caliente bajándome por la sien, pero nada de eso importó cuando levanté la vista y vi el automóvil de Damián destrozado contra el borde de la c