DAMIAN
Sarah me había llamado cuando ya iba de camino al aeropuerto y, como de todos modos me quedaba cerca pasar por ella, acepté sin pensarlo demasiado. Tal vez porque parte de mí seguía reaccionando a su voz con una inercia vieja que no terminaba de desaparecer del todo o quizas porque llegar al aeropuerto acompañado de Sarah era justo lo que necesitba.
Había planeado ese viaje con una intención muy clara. Quería rematar el juego, dar el golpe final, tener a Isabella pendiente de mí, rendid