REBECA
Héctor salió de la habitación con su madre para terminar de discutir sobre el pediatra y yo quedé a solas con Sarita. Mi madre se acomodó en la orilla de la cama, me quitó un mechón de pelo de la cara y suspiro mientras miraba a Rogelio Jr, que dormía plácidamente en la cuna.
—Mija, tenemos que hablar antes de que los hombres regresen —dijo Sarita, bajando la voz—. Y no me pongas esa cara, que es importante.
—Sabes que no me puedo mover de aquí mamá —respondí, tratando de acomodar mi esp