Mundo ficciónIniciar sesiónREBECA
En cuanto la puerta de la habitación de huéspedes donde dormirán mis padres se cerró, el aire en la sala cambió, dejando un hambre voraz entre Héctor y yo. Él no esperó a que yo dijera nada; me tomó de la cintura y me pegó a su pecho con una fuerza que me hizo soltar un jadeo. Sus ojos grises, antes fríos como el hielo alemán, ahora ardían con una promesa de posesión total.







