REBECA
Mis padres se habían adueñado de cada rincón: mi madre invadió la mesa del comedor con catálogos de encajes y mi padre se apropió del televisor para ver las noticias financieras. Pero lo que realmente me robaba el aire era la presencia de Héctor. No se había ido a un hotel como yo esperaba; simplemente subió su maleta a la habitación de invitados y se movía por los pasillos con una naturalidad que me ponía los nervios de punta.
—¡Héctor, deja de andar sin camisa frente a mi madre! —le si