HEKTOR
El aire se sintió como difícil de respirar mientras Majo caminaba hacia nosotros, saliendo por completo de la sombra del encino. Bruno se puso rígido a mi lado y juraría que dejó de respirar. Yo apreté los puños dentro de los bolsillos, tratando de que mi rostro no gritara culpable bajo la luz del jardín.
—¿Qué… qué están haciendo aquí afuera todavía? —preguntó Majo. Su tono era de extrañeza, pero sus ojos saltaban de Bruno a mí con una fijeza que me puso los pelos de punta.
—Héctor no e