REBECA
El amanecer en la residencia Zambrano fue un despliegue de opulencia que me revolvía el estómago. Logré convencer a mi padre de que el compromiso fuera aquí, en el jardín de la casa, para sentirme segura, pero ahora sentía que las paredes se cerraban sobre mí. Me levanté antes que Héctor, observando su perfil duro contra la almohada. Anoche, su rechazo en la cama me dolió más que cualquier desplante de mi padre.
Me escabullí al baño, me lavé la cara y salí de la recámara en silencio, nec