Mundo ficciónIniciar sesiónREBECA
Cerramos la puerta de la habitación y el mundo exterior dejó de existir. Ya no había Paseo Santa Lucía, ni turistas, ni una familia esperando que hiciéramos el papel del siglo. Solo estábamos Héctor y yo, atrapados en un espacio que se sentía demasiado pequeño para la carga eléctrica que traíamos desde la lancha.
Me quedé de pie, a un metro de la cama, sintiendo c&oac







