REBECA
—Si ese alemán estirado vuelve a mirar mi copa de vino como si fuera veneno, le voy a vaciar la botella en la corbata —susurró Majo, acomodándose el vestido mientras tomaba asiento a mi izquierda.
—Controla tus impulsos, hoy somos la parte diplomática —le respondí en voz baja.
Frente a nosotros se sentaban Gerhard y Wilhelm, dos de los socios más antiguos y rebeldes del consejo de administración de Berlín. Habían viajado a México con una comisión de contadores bajo el pretexto de una aud