Imi y Jordi están sentados ahora ante el escritorio de Victoria. Imi ha tenido la gran ocurrencia
de no comerse la tarta y de llevarla a la reunión como demostración de su buena fe. La tarta ahora
se encuentra allí, rota, inmóvil, marcando la peligrosa frontera entre director y empleado. En ese
momento, ambos tienen miedo de lo que pueda ocurrir, aunque –a decir verdad– Jordi tiene un
poco menos.
Victoria no tarda en asestar el primer golpe.
–A ver, Jordi, ¿desde cuándo dispones arbitrariamente