La pesadilla no terminaba nunca, Ronan corría entre los árboles en su forma de lobo, una enorme bestia negra de músculos poderosos y pelaje empapado en sangre seca, barro y sudor.
Sus patas golpeaban la tierra húmeda con fuerza brutal, levantando trozos de hojas y lodo a su paso. Cada zancada enviaba ondas de dolor a través de su cuerpo maltrecho, pero no reducía el ritmo. El aire helado de la noche le quemaba los pulmones como fuego líquido, y la lluvia torrencial azotaba su lomo como latiga