Tres años después…
Lyra dejó escapar un bajo gemido cuando Ronan deslizó su lengua con deliberada lentitud a lo largo de su sexo. Estaba empapada, sensible, y cada caricia de esa lengua experta la acercaba peligrosamente al borde.
Sus caderas se movieron por instinto, buscando más presión, más profundidad, Ronan gruñó contra su carne, vibrando deliciosamente. Sus manos grandes sujetaban sus muslos abiertos con firmeza, manteniéndola exactamente donde quería.
La habitación estaba iluminada